miércoles, 23 de octubre de 2013

Capítulo 10: Las verdades son verdades...


Yukari
Ese día que comenzó precioso, lleno de cambios, nuevo curso, nuevos amigos, nuevos sentimientos...
Las palabras que aún no se habían pronunciado, eran esperadas por mi corazón, que latía con fuerza esperando la calma.
-¿Es usted la señorita Yukari?
-Sí, soy yo, ¿que desea?
-He de decirte algo desagradable-mi corazón latía más fuerte ahogado por la espera- tu padre, Akihiko Masamune, ha desaparecido.
-Pero...-estaba confusa no sabía que hacer- ¿Cómo? ¿Qué pasó?
-Ha tenido un accidente aéreo en el atlántico, cerca del triángulo de las Bermudas.
En ese momento noté un gran dolor en el pecho, mis lágrimas brotaban sin descanso, mi cuerpo temblaba...
-Él me dio esto antes de irse.
-¿Cómo que antes de irse? ¿De que conoces a mi padre?
-Tú leela.
Cogí ese trozo de papel, con mi mano temblorosa y entre sollozos leí en susurro:
“Querida hija:
Para cuando leas esto ya me habré ido. Acepté un trabajo en una de las islas del triángulo de las Bermudas. Estaré allí mucho tiempo y mandaré la gran mayoría del dinero que gane. Ahora vete con Kawaguchi, el mismo hombre que te dará esta carta, él te contará la verdad, la que nunca me atreví a decir...
Adiós querida Yukari, te quiere, tu padre ”
Mis lágrimas caían sobre aquel papel que con tanto cariño había escrito mi padre. Lysandro se acercó a mi para consolarme, la verdad, eso me animó un poco, pero yo estaba todavía deprimida.
-Mira, Yukari-dijo Kawaguchi- La verdad, no sé como explicártelo, mejor te llevo con tu madre, ella te lo explicará con más claridad.
En ese momento las lágrimas dejaron de recorrer mis mejillas, la sangre se me heló. ¡¿Cómo?!
-¿Acaso eres un vidente de esos que ve muertos-dije con voz irónica- o me vas a matar? Mi madre está muerta, ella no puede decirnos nada-miré al suelo con los ojos tristes-.
-No, Yukari-dijo interrumpiéndome- tu madre está viva, es más, vive en esta ciudad.
No se que sentimiento empezaba ha albergar en mi pecho... Mi madre ¿viva?
-Esta noche, vendré a recogerte y te llevaré con tu familia, haz la maleta.
-De acuerdo-dije con voz seria-
Kawaguchi cerró la puerta después de decir estas últimas palabras, mis piernas no aguantaban más, caí al suelo y rompí a llorar, no sé si es por que ahora no tengo padre o que he recuperado a una madre a la que creía muerta todos estos años
Lysandro se agachó a mi lado y me rodeó con sus brazos.
-Tranquila, todo se va a solucionar-decía con una voz dulce-.
Al rato ya me había calmado, Lysandro me ayudó a levantarme. Con todas estas emociones me había olvidado de que tenía el tobillo mal...
Cogí, mi maleta y empecé a meter mis cosas, nunca me había dado cuenta de que cuando haces una maleta encierras tu vida ahí...
Tardé bastante a la hora de guardar mis mangas, Cds, Doujinshis, figuritas, pósters...
¡Cómo iba a aguantar sin cotillearlos un poco! ¡Sobre todo los de BL!
Cuando hube terminado, miré mi cuarto recordando todo lo pasado ahí...
-Yukari, ¿quieres que te ayude?
-Sí, -asentí- ¿Puedes llevar las maletas al salón?
-Vale.
Cogió las maletas y las dejó en el salón, volvió al cuarto y dijo:
-Me dejé una.-dijo con una sonrisa pícara-
-Eh?
Me sostuvo en sus brazos como una princesa de cuento. No pude evitar sonrojarme.
-¡L-Lysandro, no soy una maleta!-dije inflando los mofletes-
-¿No es acaso más cómodo?
Me cogió de la barbilla haciendo que yo le mirara a sus ojos, esos ojos que a muchos les parecerán extraños, uno verde esperanza y otro color ámbar, diferentes pero profundos... Al final me di cuenta de lo cerca que estaba su cara, mis labios estaban cada vez más cerca de los suyos, pero yo no podía hacer nada, sus ojos me habían cautivado y estaba paralizada. No se como tomarme que llamaran a la puerta en ese momento, si a bien, por que conoceré a mis verdaderos padres o a mal, por que acabo de perder una oportunidad perfecta de primer beso con Lysandoro, sí, ya besé a otro chico ¿a quién? Es un SE~CRE~TO.
Lysandro me bajó para que me fuera, pero no podía dejarlo aquí.
-Vamos, Lys...-le cogí de la muñeca sin pensar-
¡Pedazo de coche tenía Kawaguchi!
Me abrió la puerta.
-Adelante, ¿preparada?
Asentí. Lysandro y Kawaguchi se encargaron de mis maletas. Nos pusimos en marcha y miré otra vez la carta de mi padre, una lagrimita salió de mis ojos. * shineba ii no ni shineba ii no ni shinde shimaeba ii noni shineba ii no ni shineba ii no ni dokoka tooi tokoro de shineba iinoni*
Era mi móvil, cuando fui a cogerlo estornudé de una manera bestial
-¿Kohaku? -mi voz sonaba como si estuviera llorando-
-¡Yukari!¿Que ha pasado?
-Es complicado... Mejor te lo digo mañana... Adiós...
-Pero es-corté la llamada.
-Creo que la vas a preocupar...
-Tranquilo, ella lo entenderá.
Llegamos a un café, nos bajamos del coche, estaba nerviosa, ¿qué digo? ¿cómo será?... Millones de preguntas así me venían a la mente. Entramos en la cafetería y una mujer le hizo una seña a Kawaguchi.
Tragué saliva y me dispuse a acercarme a ella.
-Bueno, Kawaguchi, ¿para qué me llamas con tanta urgencia?
-Negumi, esta es Yukari-dijo señalándome entera- tu hija.
¿Cómo es físicamente mi madre? Pues.. Es de estatura media, delgada, bien formada, tiene el pelo negro azabache con reflejos violetas y recogido en una coleta, los ojos azules oscuros. Lleva unas gafas de hipster, un traje de chaqueta muy elegante con unos taconazos.
De repente le empiezan a salir lágrimas de los ojos, se acerca a mi con grandes pasos y me abraza fuerte pero dulcemente.
-Hija mía...-vale, ahora me voy a poner a llorar otra vez- que bien que estés junto a mi de nuevo.
Después de ese cálido abrazo pedimos unos zumos y hablamos un largo rato.
-Mamá, ¿por que os alejasteis papá y tú?
-Eso te lo explicaré más tarde cuando vayamos a casa.
Mucho tiempo después, me monté en el coche y nos dirigimos a mi nueva casa.
Era un chalet de estos que son tan bonitos y que tienen varias plantas.
Entramos y mi madre grito:
-Kohaku, baja, tenemos que decir algo!-
¿Kohaku? Será coincidencia, no será ella.
Una chica bajó rápidamente las escaleras. Sí, era Kohaku.
-Kohaku, te presentamos a Yukari, ella es tu hermana.
Las dos nos quedamos de piedra, con la boca abierta y los ojos como platos, ante estos gestos nuestra madre cogió una foto en la que aparecíamos las dos de bebés.
-P-pero ¿como es esto? Tengo una hermana y nunca me lo has dicho, ¿por qué?
-Os lo explico... Vuestro padre y yo eramos unos científicos probando unas nuevas bombas, éstas estaban hechas de Nanomita, un material casi imposible de conseguir, sólo existen aproximadamente unos cuartos de kilo en todo el mundo. La bomba iba bien, hasta que unos terroristas atacaron nuestro laboratorio y nos hicieron terminar la bomba para ellos. ¿Recordáis un ataque masivo en China? Pues nuestras bombas fueron las causantes de miles de muertes, por lo que vuestro padre y yo decidimos alejarnos pero con la condición de que cuando todo hubiese pasado volveríamos a París y nos reencontraríamos.
-Y cada uno se quedó con una de nosotras...
-Así es.
Al rato de estar hablando cogí mis cosas y me dijeron que me pusiera en el cuarto al lado de el de Kohaku. Me tumbé en la cama y me quedé dormida al instante...

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