Yukari
Ese día que comenzó precioso, lleno
de cambios, nuevo curso, nuevos amigos, nuevos sentimientos...
Las palabras que aún no se habían
pronunciado, eran esperadas por mi corazón, que latía con fuerza
esperando la calma.
-¿Es usted la señorita Yukari?
-Sí, soy yo, ¿que desea?
-He de decirte algo desagradable-mi
corazón latía más fuerte ahogado por la espera- tu padre, Akihiko
Masamune, ha desaparecido.
-Pero...-estaba confusa no sabía que
hacer- ¿Cómo? ¿Qué pasó?
-Ha tenido un accidente aéreo en el
atlántico, cerca del triángulo de las Bermudas.
En ese momento noté un gran dolor en
el pecho, mis lágrimas brotaban sin descanso, mi cuerpo temblaba...
-Él me dio esto antes de irse.
-¿Cómo que antes de irse? ¿De que
conoces a mi padre?
-Tú leela.
Cogí ese trozo de papel, con mi mano
temblorosa y entre sollozos leí en susurro:
“Querida hija:
Para cuando leas esto ya me habré ido.
Acepté un trabajo en una de las islas del triángulo de las
Bermudas. Estaré allí mucho tiempo y mandaré la gran mayoría del
dinero que gane. Ahora vete con Kawaguchi, el mismo hombre que te
dará esta carta, él te contará la verdad, la que nunca me atreví
a decir...
Adiós querida Yukari, te quiere, tu
padre ”
Mis lágrimas caían sobre aquel papel
que con tanto cariño había escrito mi padre. Lysandro se acercó a
mi para consolarme, la verdad, eso me animó un poco, pero yo estaba
todavía deprimida.
-Mira, Yukari-dijo Kawaguchi- La
verdad, no sé como explicártelo, mejor te llevo con tu madre, ella
te lo explicará con más claridad.
En ese momento las lágrimas dejaron de
recorrer mis mejillas, la sangre se me heló. ¡¿Cómo?!
-¿Acaso eres un vidente de esos que ve
muertos-dije con voz irónica- o me vas a matar? Mi madre está
muerta, ella no puede decirnos nada-miré al suelo con los ojos
tristes-.
-No, Yukari-dijo interrumpiéndome- tu
madre está viva, es más, vive en esta ciudad.
No se que sentimiento empezaba ha
albergar en mi pecho... Mi madre ¿viva?
-Esta noche, vendré a recogerte y te
llevaré con tu familia, haz la maleta.
-De acuerdo-dije con voz seria-
Kawaguchi cerró la puerta después de
decir estas últimas palabras, mis piernas no aguantaban más, caí
al suelo y rompí a llorar, no sé si es por que ahora no tengo padre
o que he recuperado a una madre a la que creía muerta todos estos
años
Lysandro se agachó a mi lado y me
rodeó con sus brazos.
-Tranquila, todo se va a
solucionar-decía con una voz dulce-.
Al rato ya me había calmado, Lysandro
me ayudó a levantarme. Con todas estas emociones me había olvidado
de que tenía el tobillo mal...
Cogí, mi maleta y empecé a meter mis
cosas, nunca me había dado cuenta de que cuando haces una maleta
encierras tu vida ahí...
Tardé bastante a la hora de guardar
mis mangas, Cds, Doujinshis, figuritas, pósters...
¡Cómo iba a aguantar sin cotillearlos
un poco! ¡Sobre todo los de BL!
Cuando hube terminado, miré mi cuarto
recordando todo lo pasado ahí...
-Yukari, ¿quieres que te ayude?
-Sí, -asentí- ¿Puedes llevar las
maletas al salón?
-Vale.
Cogió las maletas y las dejó en el
salón, volvió al cuarto y dijo:
-Me dejé una.-dijo con una sonrisa
pícara-
-Eh?
Me sostuvo en sus brazos como una
princesa de cuento. No pude evitar sonrojarme.
-¡L-Lysandro, no soy una maleta!-dije
inflando los mofletes-
-¿No es acaso más cómodo?
Me cogió de la barbilla haciendo que
yo le mirara a sus ojos, esos ojos que a muchos les parecerán
extraños, uno verde esperanza y otro color ámbar, diferentes pero
profundos... Al final me di cuenta de lo cerca que estaba su cara,
mis labios estaban cada vez más cerca de los suyos, pero yo no podía
hacer nada, sus ojos me habían cautivado y estaba paralizada. No se
como tomarme que llamaran a la puerta en ese momento, si a bien, por
que conoceré a mis verdaderos padres o a mal, por que acabo de
perder una oportunidad perfecta de primer beso con Lysandoro, sí, ya
besé a otro chico ¿a quién? Es un SE~CRE~TO.
Lysandro me bajó para que me fuera,
pero no podía dejarlo aquí.
-Vamos, Lys...-le cogí de la muñeca
sin pensar-
¡Pedazo de coche tenía Kawaguchi!
Me abrió la puerta.
-Adelante, ¿preparada?
Asentí. Lysandro y Kawaguchi se
encargaron de mis maletas. Nos pusimos en marcha y miré otra vez la
carta de mi padre, una lagrimita salió de mis ojos. * shineba ii no
ni shineba ii no ni shinde shimaeba ii noni shineba ii no ni shineba
ii no ni dokoka tooi tokoro de shineba iinoni*
Era mi móvil, cuando fui a cogerlo
estornudé de una manera bestial
-¿Kohaku? -mi voz sonaba como si
estuviera llorando-
-¡Yukari!¿Que ha pasado?
-Es complicado... Mejor te lo digo
mañana... Adiós...
-Pero es-corté la llamada.
-Creo que la vas a preocupar...
-Tranquilo, ella lo entenderá.
Llegamos a un café, nos bajamos del
coche, estaba nerviosa, ¿qué digo? ¿cómo será?... Millones de
preguntas así me venían a la mente. Entramos en la cafetería y una
mujer le hizo una seña a Kawaguchi.
Tragué saliva y me dispuse a acercarme
a ella.
-Bueno, Kawaguchi, ¿para qué me
llamas con tanta urgencia?
-Negumi, esta es Yukari-dijo
señalándome entera- tu hija.
¿Cómo es físicamente mi madre?
Pues.. Es de estatura media, delgada, bien formada, tiene el pelo
negro azabache con reflejos violetas y recogido en una coleta, los
ojos azules oscuros. Lleva unas gafas de hipster, un traje de
chaqueta muy elegante con unos taconazos.
De repente le empiezan a salir lágrimas
de los ojos, se acerca a mi con grandes pasos y me abraza fuerte pero
dulcemente.
-Hija mía...-vale, ahora me voy a
poner a llorar otra vez- que bien que estés junto a mi de nuevo.
Después de ese cálido abrazo pedimos
unos zumos y hablamos un largo rato.
-Mamá, ¿por que os alejasteis papá y
tú?
-Eso te lo explicaré más tarde cuando
vayamos a casa.
Mucho tiempo después, me monté en el
coche y nos dirigimos a mi nueva casa.
Era un chalet de estos que son tan
bonitos y que tienen varias plantas.
Entramos y mi madre grito:
-Kohaku, baja, tenemos que decir algo!-
¿Kohaku? Será coincidencia, no será
ella.
Una chica bajó rápidamente las
escaleras. Sí, era Kohaku.
-Kohaku, te presentamos a Yukari, ella
es tu hermana.
Las dos nos quedamos de piedra, con la
boca abierta y los ojos como platos, ante estos gestos nuestra madre
cogió una foto en la que aparecíamos las dos de bebés.
-P-pero ¿como es esto? Tengo una
hermana y nunca me lo has dicho, ¿por qué?
-Os lo explico... Vuestro padre y yo
eramos unos científicos probando unas nuevas bombas, éstas estaban
hechas de Nanomita, un material casi imposible de conseguir, sólo
existen aproximadamente unos cuartos de kilo en todo el mundo. La
bomba iba bien, hasta que unos terroristas atacaron nuestro
laboratorio y nos hicieron terminar la bomba para ellos. ¿Recordáis
un ataque masivo en China? Pues nuestras bombas fueron las causantes
de miles de muertes, por lo que vuestro padre y yo decidimos
alejarnos pero con la condición de que cuando todo hubiese pasado
volveríamos a París y nos reencontraríamos.
-Y cada uno se quedó con una de
nosotras...
-Así es.
Al rato de estar hablando cogí mis
cosas y me dijeron que me pusiera en el cuarto al lado de el de
Kohaku. Me tumbé en la cama y me quedé dormida al instante...
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